Adopción, vinculación y retraso madurativo

December 1, 2016

No tengo datos estadísticos, pero el 90% de mis pacientes es población adoptiva. Mayores y pequeños, que tienen problemas día a día con las repercusiones que supuso en su vida el abandono. Son más de las que pueda imaginar la persona que no conoce sus circunstancias. Incluso las personas que sufren las secuelas carecen de mucha información al respecto. Los profesionales que trabajamos junto a ellos para ayudarles tenemos algunos datos más, formación específica e investigaciones en mano, pero queda tanto por aprender e investigar…

 

¿Qué sabemos por ahora?

 

Sabemos que cuando un bebé es separado de su madre en los años en que debe establecerse la vinculación, deja huellas en su cerebro difíciles de borrar. A nivel emocional: inseguridades, problemas para establecer contactos afectivos, ansiedad, depresión… En los niños: problemas conductuales, para establecer límites, para seguir normas, que pegan a otros, que les cuesta establecer lazos emocionales.

 

Estas huellas parecen ser una metáfora para explicar mejor su situación, pero no es verdad. Son observables. Mediante registros electroencefalográficos (QEEG) podemos hacer un mapa de la actividad cerebral y tratar de medir las zonas que están actuando de manera irregular a nivel funcional.

 

 

En estos registros hemos visto las familias y yo repetidas veces cómo la zona de la empatía salía muy disminuida, dañada, dando un perfil anormal que pudiera parecerse al “autismo” sin serlo.  Esto era desconcertante al principio, luego era un patrón a observar.

 

En el maravilloso libro Romania's Abandoned Children: Deprivation, Brain Development, and the Struggle for Recovery, donde hacen un laborioso estudio a lo largo del tiempo de las consecuencias del abandono y la institucionalización, le llaman a este trastorno el “pseudoautismo de la institucionalización”. Una vez que vi que estudiosos de todo el mundo encontraban el mismo patrón  en población adoptiva me sentí más segura de que lo que veía era real. Los problemas de vinculación en las primeras fases de desarrollo dejaban esas “huellas imborrables” en las zonas emocionales, de la empatía, de la sociabilidad.

 

A partir de ahí es natural que un niño con ausencia de estimulación, o con un entorno alterado, su desarrollo neurológico se altere también y produzca una inmadurez en las áreas cerebrales sensibles al entorno en estas etapas.

 

Nos encontramos muchas veces con niños con problemas de aprendizaje, de lectoescritura, déficit de atención, trastornos del lenguaje, de la motricidad gruesa y fina, niños y niñas inquietos, que les cuesta permanecer sentados en sus sillas, escuchar cuando les hablan. Les falta todo lo que damos por sentado que se da con el paso del tiempo.

 

Ese paso del tiempo es crucial ya que hay muchos padres que siguen esperando a que el niño madure por si solo y pierden un tiempo precioso que podríamos aprovechar reparando la estimulación perdida.

 

Las estructuras que deben madurar en las primeras fases de la infancia afectan a todas las funciones cognitivas superiores que deben ser utilizadas más tarde en el cole, y cuanto antes las estimulemos, menos problemas habrá que resolver después.

 

¿Qué podemos hacer?

 

Pedir ayuda, siempre. Porque los problemas que tiene la población adoptiva es simplemente diferente a la que tienen otras personas y debe ser tratada forma diferente, más específica.

 

Posibles pasos que yo daría:

 

1.- Hacer un diagnóstico del neurodesarrollo: reflejos primitivos, motricidad gruesa y fina, estado actual del cerebelo, ganglios basales, tronco de encéfalo… y si puede ser con un profesional formado en adopción, mejor.

 

2.- Hacer un mapeo cerebral (QEEG) para observar el nivel de inmadurez y el estado de las estructuras responsables de las emociones. Sobre todo en casos donde hay mucho desequilibrio comportamental.

 

 

3.- Hacer un tratamiento multimodal dependiendo de los resultados de dichas pruebas.

En los casos donde hemos detectado problemas conductuales y de empatía estamos teniendo buenos resultados con la estimulación cerebral no invasiva y el neurofeedback.

 

Próximamente contaremos algún caso relacionado con estos tratamientos tan desconocidos por novedosos.

 

 

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